MAGIAS
La tarde me parece silenciosa, como al acecho. No hay nadie asomado a las ventanas y del cielo no caen estrellas como cuando era pequeña y las rosas venían a saludarme. Hoy la locura me parece un lugar habitual donde criar conejos y dejar en libertad a los pájaros con manchas. Cada vez soy menos yo y todas las partículas que una vez me dieron forma se disuelven y se funden con las caracolas de los tejados. Llueve en la habitación y se me inundan los pies de mariposas... tantas que casi podría salir volando. Quisiera salir volando. Voy a regalarte la postura de mis labios y el hueco de mi ombligo, y, si te portas bien y me llevas otro día a recolectar rayos de luna, también te daré la sombra de mi mano para que envuelvas en ella las caricias que aún te debo...







